martes, 14 de abril de 2015

Sierra Nevada

Otro de los viajes que nunca podré olvidar fue el de Sierra Nevada. Creo que tenía 7 años. A este si que fui con mis padres, ya que íbamos a celebrar el 25 aniversario de mis abuelos maternos, por lo que también vinieron con mi tío. Este viaje sí que fue de lo  mejor. Fueron las primeras y las últimas vacaciones que realizamos toda mi familia materna juntos; por lo que siempre estará dentro de mí. 

Sierra Nevada (Granada)
No me acuerdo mucho de qué pasó el primer día. Pero como nosotros vivimos en Santa Cruz y mis abuelos en el Puerto de la Cruz, nos encontramos en el aeropuerto del Norte. Ya no tenía miedo a los aviones, ya tenía experiencia; era grande. Recuerdo pasarme las 2 horas y cuarto que duró el viaje hablando con mi abuelo. Lo quería mucho. Es el mejor abuelo que te pueden dar (si es que te lo dan). Me contaba muchísimas historias de cuando él era pequeño, lo que tuvo que hacer para que su familia pudiera comer y como conoció a mi abuela. Eran historias tan sorprendentes que es que no te las puedes imaginar. Tuvo una vida tan, pero que tan difícil, que le impidió hacer lo que los demás niños de su edad hacían. Sin embargo, como el decía: "Al principio es duro, se sufre; pero siempre vale la pena". 

"Nuestro copito"
Antes de ir a Granada, paramos unos días por Sevilla para visitar a algunos familiares que teníamos allí. No los había visto en mi vida, ni ellos a mí, pero por lo que se ve, al ser la primera nieta, era muy querida por todos.

El día que fuimos a la Sierra fue precioso. Los caminos estaban completamente cubiertos por una capa blanca de nieve. Debo reconocer que al principio me dio miedo, no sabía que se podía hacer en la nieve. Me dio un poco de asco tocarla, pero poco a poco me fui acostumbrando. Recuerdo que mi tío nos enseñó a hacer muñecos de nieves y ángeles en ella. Mi hermano y yo estábamos encantados, no queríamos ni irnos. 


Antes de regresar a casa, mi familia quiso pasar por Gibraltar y así hacer una pequeña visita a más familiares. Era un lugar ajeno a España, por lo que era necesario tener pasaporte o nacionalidad. Ni mi abuela, ni mi hermano ni yo, pudimos entrar, así que mis padres y mi abuelo no dejaron prácticamente en la entrada. Tuvimos que pasar una tarde entera en el coche, mientras que los demás disfrutaban de un espléndido paseo por las calles gibraltareñas. 

Nunca podré olvidarme de este viaje. Fue el primero y el último que hice con mi abuelo. Pero espero que cuando tenga hijos, los pueda llevar a la Sierra, y enseñarles todo lo que sé gracias a él.  


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